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OBSTÁCULOS EN NUESTRO DIARIO VIVIR
Texto Bíblico: 1 Corintios 10:13
Introducción
En nuestro caminar diario, podemos toparnos con un sinnúmero de obstáculos que tratarán a toda costa de desviarnos del camino del Señor, de desviarnos de Su propósito, pero debemos recordar que Dios siempre nos muestra una salida, para avanzar victoriosos. Es necesario que la Palabra esté en nuestra mente, hay que leerla, meditar y memorizarla, para que los dardos del maligno no tengan efecto en nosotros. Veamos algunos obstáculos que a diario tenemos que enfrentar:
1.- Superando las preocupaciones
(Lc.12:22,30) No debemos estar en inquietud o incertidumbre por nada de la vida. El afán y la excesiva preocupación pueden hacernos apartar los ojos de Dios. Hay que ser agradecidos con lo que tenemos y Dios nos dará más. Los discípulos de Cristo en una ocasión se preocuparon y temieron al ver la enorme tempestad que tenían sobre ellos. Al fijar sus ojos en lo que les rodeaba y olvidarse que estaba con ellos Jesús, su fe disminuyó. Si solo vemos las circunstancias, las preocupaciones y el afán ahogarán la fe.
Es necesario liberar nuestra mente de toda ansiedad, pues eso podría llevarnos a centrarnos en los problemas y no Dios (Fil.4:6-8). Recordemos que Dios cuida de cada una de nuestras necesidades (Fil.4:19).
Una de las formas en que podemos superar las preocupaciones es siendo agradecidos con el Señor. Debemos aprender a dar gracias ya sea que tengamos o no, recordando Sus beneficios (1Tes.5:18; Ro.8:28)
2.- Superando el enojo
(Ef.4:26-27) El enojo debe ser bien encauzado, pues hay buenas razones para enfadarse. Cristo se enfadó con los vendedores del templo, pero no pecó. Esta era una ira santa porque iba en contra del pecado. Pedro fue alguien muy impulsivo y bastante enojón. No se lo pensó dos veces para cortar la oreja del centurión, pero Dios no trabaja así.
Si cedemos con facilidad al enojo, necesitamos pedir a Dios que cambie esa área de nosotros y que nos ayude a humillarnos, a morir hasta que seamos mansos como palomas. Al enfadarnos, estamos cooperando con Satanás (Prov.22:24-25; Ro.12:21)
Recordemos que uno de los frutos de estar con Dios y seguir sus caminos es justamente el amor y la paz (Jn.14:27). Necesitamos conocer a Dios cada día y experimentar Su amor en nosotros. Su presencia en nuestras vidas nos infunde aliento para seguir adelante, y opera aún en nuestro carácter y en nuestra forma de reaccionar.
3.- Superando hablar palabras que destruyen
Hay palabras que realmente destruyen (Prov.8:13; 10:19; 11:19; 12:18; 13:3; 15:1). Es importantísimo lo que decimos con nuestras bocas. La lengua es un miembro pequeño en nuestro cuerpo, pero no por eso tenemos que olvidarlo. Hablar de forma incorrecta se puede hacer un mal hábito, hasta el punto de no darnos cuenta que con nuestra boca estamos dando muerte.
Dios le da mucha importancia a lo que sale de nuestra boca. Seamos sabios y cuidadosos en lo que decimos, bendigamos a nuestras familias y amigos, porque nuestras palabras tienen poder (Mt.12:36-37)
La Biblia es muy específica en cuanto al mal uso que le damos a nuestra boca:
- Chismes (Prov.18:8; 20:19; 26:20)
- Mentiras (Prov.6:16,17,19; 12:22)
- Incredulidad (Prov.6:2; 18:21)
La Biblia también declara el buen uso que debemos darle a nuestra boca:
- Palabras que edifican (Prov.10:11,20; 12:18; 21:31)
- Crear y confirmar fe (Ro.10:8-10).
- Alabar y adorar a Dios (Sal.63:3; 34:1)
- Bendecir y edificar a otros (1Tes.5:11)
4.- Superando la enfermedad
(3Jn.2) La voluntad de Dios es sanarnos (Sal.103:3; Jer.30:17). Dios lo ha deseado y aún quiere hacerlo día a día, pues Su anhelo es que tengamos salud (Heb.13:8).
Dios ya preparó sanidad para nuestro cuerpo y alma, por medio del sacrificio de Cristo. Necesitamos creer y sellar en nuestro corazón que de la misma manera que Dios hizo milagros, y que Cristo sanaba, aún ahora tienes respuesta a cualquier enfermedad que esté dañando tu vida (Is.53:4-5).
Es necesario creer en el poder de Dios, para ello es necesario que actives tu fe y que no veas la enfermedad, sino que lo mires a Él confiando plenamente en Su Palabra (Mt:8:13). Es nuestra actitud hacia lo que Dios dice, lo que hará la diferencia en nuestras vidas y traerá sanidad y liberación (Prov.4:20-22)
Superando la envidia y los celos
Si en la Biblia aparece alguien que fue maltratado y odiado a causa de la envidia, ese fue José de Egipto. Sus propios hermanos no podían ya ni escucharle hablar. Y llego a ser tan fuerte la envidia que sentían, que le vendieron, y mintieron a su padre, haciéndole creer que su hijo preferido había sido despedazado por fieras.
Tengamos cuidado con el corazón, porque dice la Palabra que es engañoso. Vivamos una vida satisfecha siempre con lo que tenemos, confiando que Dios suplirá todas nuestras necesidades y que nos dará aun más de lo que pedimos. Dios nos prohíbe desarrollar toda envidia y celos, pues no nos acercan a Su presencia (Prov.3:31; 23:17; 27:4). La envidia y los celos traen terribles consecuencias al ser humano:
- Enfermedad (Prov.14:30)
- Toda clase de maldad (Stg.3:16)
- Caída (Sal.73:2-3)
Superando los maltratos y abusos
No existe maltrato, herida o rechazo tan grande que Dios no tenga salida y solución. Ya sea abuso sexual, verbal o físico, necesitamos decidir perdonar, aunque no lo sintamos. No es una elección sino una decisión (Mt.6:14-15)
La falta de perdón es una atadura, y trae consigo una consecuencia fatal: si tú no perdonas a otros, Dios no te puede perdonar a ti. Tanto José de Egipto como Pablo fueron abusados y maltratados de muchas maneras. Pero ellos sabían que Dios estaba de su lado y que todo les iba ayudar para bien. El Señor les sacaría de cualquier dificultad y les defendería ante las personas que les ofendían.
No es de Dios el devolver lo mismo que recibiste (Ro.12:21; 1P.3:9). La solución que trae victoria a nuestras vidas es amar de la misma forma que Dios nos ama a nosotros, aún a pesar de nuestras fallas (Mt.5:44; 1Jn.4:20-21). La solución al maltrato y abuso es perdonar (Ef.4:32; Col.3:13). Después de perdonar hay que seguir adelante, sabiendo que Dios ha visto nuestra actitud y nos ayudará a avanzar (Fil.3:13). Si lo hacemos de esta manera, seguimos el ejemplo de Jesús, y nuestro corazón permanecerá libre de contaminación (1P.1:21).
Superando la pereza y falta de diligencia
Para ser una persona diligente es necesario esforzarse y organizarse. La pereza no solo es debilidad, sino pecado (1Tes.4:10-11). La pereza viene por falta de disciplina y de metas (Prov.6:6-11), y sus consecuencias son muy graves:
- Frustración y deseo no cumplido (Prov.13:4; 21:25)
- Vida de dificultades y contratiempos (Prov.15:19
- Pobreza (Prov.19:15)
- Pereza mental y espiritual (Heb.2:1)
La diligencia en cambio trae bendiciones a nuestras vidas:
- Prosperidad y éxito (Prov.13:4b; 21:5a)
- Honor y respeto (Prov.22:29)
Superando las tentaciones
Se puede salir airoso de las tentaciones, porque no serán mayores que nuestras fuerzas (1Co.10:13; 1Jn.4:4). Dios conoce bien nuestras tentaciones y sufrimientos, porque El también sufrió, aunque no cedió (Heb.2:18; 4:15). Solo si dejamos que la tentación logre dominar nuestra mente y tome control de la vida, se llega al pecado. Todos podemos enfrentarnos a la tentación y superarla en Cristo. La Palabra vence la tentación.
Cristo al ser tentado por Satanás citó la Palabra diciendo “Escrito está” y Satanás tuvo que huir, ante el que como el que como nosotros fue tentado en todo pero no hubo en El pecado. Es necesario que la Palabra esté en nuestra mente, hay que leer, meditar y memorizarla, para que los dardos del maligno no tengan efecto en nosotros.
¿Cedes a la tentación? Si un mal pensamiento lo dejas en tu mente por mucho tiempo, te llevara a hacerlo mas tarde. ¿Cómo poder enfrentar la tentación? La Palabra nos muestra como poder enfrentarla (1Co.10:12; 1P.5:8-9; Stg.4:7). Debemos acercarnos a Dios, buscarle de todo corazón, siendo sinceros en nuestra debilidad, y Él obrará en nuestras vidas (Prov.28:13). La oración es un arma poderosa para vencer (Mt.26:41; Heb.4:16; Stg.1:12)
Superando cualquier obstáculo de la vida
Podemos estar seguros de que nada nos podrá separar del amor de Dios si estamos en Cristo. Dios, en Su amor para con nosotros, ya ha dado la solución, la salida para poder salir victoriosos de cualquier problema o dificultad con la que nos encontremos. Su Palabra es un gran tesoro, porque en ella se encuentran grandiosas promesas para cualquier cristiano que las crea, y con ellas, tenemos el arma que destruirá las “gigantes” de nuestra vida.
- Promesas para nuestro diario vivir (Col.4:5; Ef.5:16)
- Promesas para cuando estemos bajo presión (Mt.11:28-29; Jn.16:33)
- Promesas aún en medio de pruebas (Fil.4:13; Stg.1:2-4)
No dejes que pase el tiempo, los días que vivimos son difíciles y tenemos que dejar cualquier peso que nos estorbe en el camino que nos lleva a salvación, que es Cristo, y seguir firmes hasta la meta, viviendo de victoria en victoria, la vida abundante que Dios nos prometió.
Conclusión
Cada obstáculo representa una oportunidad para mejorar, si se actúa en vez de quejarse. No permitas que los obstáculos que se te presenten el día de hoy se salgan con la suya, al contrario mira más allá y sácales provecho, para que el nombre de Dios sea glorificado en tu vida y en cada situación que atravieses.
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” (Ro.8:28)
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ENFRENTANDO LOS PROBLEMAS
Texto Bíblico: Filipenses 3:12-14
Introducción
Si hay un hecho que no podemos desconocer, es la presión que ejerce una sociedad caída en el pecado como la nuestra en la que priman la envidia, el resentimiento, el egoísmo y la maldad. Los elementos de presión que recibimos llegan a extremos que amenazan nuestra tranquilidad y ponen delante el desánimo y la desesperanza. En el proceso de resistir las situaciones adversas, corremos el peligro de estallar. Esto se debe a que ser creyentes no nos asegura un blindaje frente a los problemas.
¿Qué es un problema? Un problema es una determinada cuestión o asunto que requiere de una solución. Es un asunto de difícil solución. De una forma más práctica, un problema es una situación en la que las cosas que tenemos son diferentes de las que deseamos. Es el conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin.
¿De qué nos sirve enfrentar problemas?
Aunque en medio de la zozobra en que nos sumen los problemas, no encontramos razón para que existan, pueden beneficiarnos. Claro, es una perspectiva que tal vez no todos compartan, pero es real. A partir de las dificultades aprendemos mucho. Los errores nos permiten crecer.
Es evidente que no siempre estamos en la cima de la victoria. Enfrentamos tropiezos, generalmente inesperados. Y es así ya que, el militar en los caminos de Cristo, no puede equipararse con estar en un parque de diversiones.
El apóstol Pablo describe vívidamente esta situación cuando en su carta a los creyentes de Corinto les explica:
“Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros. Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo.” (2 Corintios 4:7-10, Nueva Versión Internacional)
Tome nota de algo sumamente importante: no debemos desesperarnos ni rendirnos aunque arrecie la tormenta a nuestro alrededor, y además, es imperioso aprender a perseverar a través de los problemas.
Con base en esto podemos concluir que, en nuestro diario vivir al lado de Jesús, lo que experimentamos es un proceso constante de aprendizaje y crecimiento, tanto personal como espiritual en el que los contratiempos juegan un papel importante.
¿Qué nos lleva a afirmar esto? La certeza de que los problemas son naturales en la vida de toda persona y más cuando somos cristianos, porque al aceptar a Jesús no compramos un seguro contra toda contrariedad.
Es importante que meditemos en el error que encierran cuatro premisas muy comunes en la sociedad al hacer alusión a la vida de fe.
Los problemas y el crecimiento
Aunque salen al paso, tomándonos muchas veces por sorpresa, los problemas no deben impedir nuestro crecimiento personal y espiritual. Por el contrario, debemos tener claro que la vida cristiana tiene una dinámica que tiende a llevarnos nuevos niveles. Siempre estaremos orientados al crecimiento. Al respecto el apóstol Pablo escribió a los creyentes de Filipos:
"No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús." (Filipenses 3:12-14. N.V.I.).
Este pasaje es muy enriquecedor por que nos lleva a reflexionar en un hecho fundamental y es que no somos perfectos. Por el contrario, estamos creciendo siempre. La palabra meta proviene del término griego Skopòs que traduce "Una marca sobre la cual fijar la mirada" Es decir, usted y yo estamos de camino hacia un lugar específico, Cristo, andar en Su voluntad y como Él, en quien debemos poner la mirada. Las dificultades no deben desviarnos de ese objetivo.
Si Dios nos sacó del pasado (Ef.2:1-4), donde estábamos inmersos en miles de problemas, eso no significa que podamos seguir atados al ayer. Los errores pasados no deben amarrarnos. Si ayer vencimos, tampoco podemos gloriarnos en esas victorias. Los nuevos logros deben alcanzarse hoy, y eso es posible si nos mantenemos asidos de la mano de Jesucristo. Sólo de esta manera avanzaremos en el crecimiento de la fe cristiana, asumiendo nuevos pensamientos y actitudes conforme al Evangelio en el que estamos creciendo. Pablo compara la situación con una batalla y llama a los creyentes a pelear, con constancia, asidos al amado Hijo de Dios (1Timoteo 6:12). Este batallar nos obliga a guardar el testimonio cristiano y a no desviar nuestra mirada de la vida eterna, hacia la que estamos marchando.
Perseverancia, la clave
La perseverancia es clave para vencer los problemas. El apóstol Pablo lo explicó en los siguientes términos en una carta magistral a los creyentes de Corinto:
“¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan. Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre. Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado.” (1Corintios 9:24-27. NVI)
Para vencer los problemas y, como lo aprendemos en el pasaje, debemos someter nuestra naturaleza carnal a Dios. Llevar a la práctica aquello que aprendimos. Perseverar. No dejar que las dificultades nos conduzcan al abismo de la desesperación. Si caemos, debemos levantarnos de nuevo.
Con el vivo deseo de huir
¿Cuál es la actitud de centenares de cristianos cuando llegan los problemas? Salir huyendo. Como en sus mentes tienen la idea equivocada que ser cristianos les exime de tener tropiezos, prefieren volver atrás en la vida de fe. Tremendo error. Si queremos desarrollar el potencial de vencedores, necesariamente debemos perseverar y disponernos a permanecer firmes, aunque las olas comiencen a anegar nuestra embarcación.
En la carta a los Hebreos el autor estrado escribe:
"Por eso, dejando a un lado las enseñanzas elementales acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez. No volvamos a poner los fundamentos, tales como el arrepentimiento de las obras que conducen a la muerte, la fe en Dios, la instrucción sobre bautismos, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno. Así procederemos, si Dios lo permite. Es imposible que renueven su arrepentimiento aquellos que han sido una vez iluminados, que han saboreado el don celestial, que han tenido parte en el Espíritu Santo y que han experimentado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, y después de todo esto se han apartado. Es imposible, porque así vuelven a crucificar, para su propio mal, al Hijo de Dios, y lo exponen a la vergüenza pública." (Hebreos 6:1-8. NVI)
Jamás olvide que el crecimiento, para enfrentar entre otras cosas los problemas que enfrentamos a diario, es una meta del cristiano. No somos perfectos pero avanzamos hacia esa meta, a la estatura de Cristo. Crecer y aprender van unidos de la mano.
Los problemas y la madurez espiritual
Como lo anotamos hace unas cuantas líneas, crecemos a través de los problemas. Pero agreguemos otro elemento que es necesario considerar. Las dificultades nos llevan a desarrollar la madurez espiritual.
Consideremos el siguiente pasaje bíblico:
"Sobre este tema tenemos mucho que decir aunque es difícil explicarlo, porque a ustedes lo que les entra por un oído les sale por el otro. En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido. El que sólo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho. En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual." (Hebreos 5:11-14)
Los creyentes del primer siglo, al igual que puede ocurrir hoy, eran tardos para oír, tendientes a quedarse en los primeros rudimentos de la fe y resignados a los pocos avances en su crecimiento. Esa condición les impedía alcanzar nuevas dimensiones en la vida de Dios. En tales circunstancias se dificulta el crecimiento personal y espiritual y, sin duda, los primeros problemas amenazarán con llevarlo a correr con desespero, sin tener rumbo fijo.
Tenga presente que la inmadurez espiritual es el fruto de ser oidores pero no hacedores de la Palabra. Crecer está ligado a la perseverancia. Tenemos que tener presente que hay una enorme diferencia entre envejecer en el Señor, y crecer en el Señor. ¿En cuál estado se encuentra usted? Los problemas no desaparecerán porque los ignoremos. Estarán siempre ahí, latentes. En nuestra nueva condición de cristianos aprendemos que es necesario enfrentarlos. Sin duda saldremos airosos en nuestro propósito, porque a diferencia de épocas pasadas, tenemos a Jesucristo morando en el corazón y Él nos lleva a sobreponernos a las dificultades.
El mundo, con sus pasiones y deseos, querrá arrastrarnos. Depende de nosotros si lo permitimos. Jamás olvide que cosechamos lo que sembramos. Lo más aconsejable es medir cuidadosamente cada una de las acciones. Si lo hacemos, puedo asegurarle que estará dando pasos firmes hacia el cambio y el crecimiento, tanto personal como espiritual, que tanto anhelamos los seres humanos.
Aun cuando parezca lo contrario, lo mejor que puede ocurrir en nuestra existencia es que Dios trate con cada uno. Es fundamental que nos moldee, pula y prepare para desarrollar la misión que tiene para cada uno desde la fundación del mundo. Andar en consonancia con la voluntad del Padre celestial nos asegura la victoria.